“Si a mi Dios me bendice, yo bendigo a otros”: la historia de Narobis

Cuando conocimos su historia, no lo podíamos creer. No entendíamos por qué una persona con las necesidades que tenía y en la situación en la que se encontraba, usaría parte del apoyo que recibió para hacer algo y regalarlo a personas que no conoce. La respuesta es clara, la bondad de la humanidad no tiene límite.

Narobis, una mujer colombo venezolana, retornó hace un par de meses al departamento de La Guajira, luego de vivir en el vecino país casi toda su vida. Llegó a casa de un hermano con su hijo y una nieta menor de edad en situación de discapacidad, en medio de quizá una de las crisis más complejas de los últimos años: la mezcla entre la migración de miles de ciudadanos venezolanos en Colombia y la pandemia por la COVID-19, sin contar con sus condiciones de salud y los altos índices de xenofobia que se presentan.

Llegó en noviembre de 2019 a Maicao, con la esperanza de mejorar su situación económica, conseguir un empleo  y así tener con qué comer y poder pagar los medicamentos que debe tomar por la diabetes crónica que padece. Cosa que no ha sido nada fácil. De un momento a otro la perspectiva cambió; se sumó este virus desconocido, el comercio cerró, los colegios, los restaurantes, todo cerrado, así como las posibilidades de un trabajo en un momento como este.

“Un hermano que vendía comidas, ahora por la pandemia no puede trabajar. Se quedó sin nada. Él le habló a una muchacha que pidió una comida rápida y le dijo que tenía una hermana enferma. Ella le dijo que llegara hasta Save the Children, sin comprometerse a nada”. Así llegó a la caracterización del proyecto VenEsperanza, liderado por Mercy Corps, IRC, World Vision y Save the Children, con el que se busca ayudar a familias a cubrir algunas necesidades básicas que tengan en medio de esta crisis.

“Se hizo el procedimiento, me atendieron, me tomaron los datos, y justamente el día que me llaman para decirme que yo podía cobrar no había hecho nada en mi casa porque no tenía nada en ese momento y me alegré mucho, le di las gracias a Dios, la persona que me avisó me mandó a la tienda a fiar porque ya tenía con qué pagar y pues comer.”, cuenta agradecida.

Aún así, luego de recibir su aporte, no solo pagó lo que debía en la tienda del barrio, además consiguió tela, hilos y elástico e hizo 100 tapabocas, para que otras familias vulnerables se protejan de la COVID-19. “¿Qué me motivó a dar un poquito de lo que yo sé hacer? Pues si a mí Dios me bendice, yo bendigo a otros, y ahí son 100 vidas que podemos ganar si somos obedientes. Es un pequeño granito de arena para esta pandemia”.

Más personas con el corazón como el de Narobis son las que necesitamos en el mundo, personas agradecidas, que quieran ayudar a los demás y que saquen el lado positivo y una sonrisa a las adversidades que la vida les pone.

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